miércoles, 3 de septiembre de 2008

Postúltimo día de grabación

Va el tocho.

Lunes por la tarde. Acabo de acabar un exámen de Técnicas Instrumentales Avanzadas y lo único que me apetece es quemar la gráfica de mi ordenador nuevo probando mi juego favorito a tope de calidad. Llaman al teléfono.

Es Darío. Que en media hora hemos quedado en casa de Edu Samurai.

En ese momento recuerdo la conversación que tuve con él en la cena del Sábado.

DARÍO: Pues el lunes iré a regrabar un par de cosas del directo a casa de Edu. ¿Ya que voy regrabo lo tuyo también?
FER (con una jarra de Paulaner en la mano): Nah, tío, no te preocupes que el lunes ya no tengo que estudiar. Voy yo también y así nos repartimos el trabajo.
FER (con una jarra de Paulaner en la mano, pensando para sí): Qué buen colega soy, joder

El conocimiento de que me había olvidado completamente y de que para esa tarde ya había quedado con al menos dos personas me golpea como la proverbial patada en los cojones, pero hay límites de gañanidad que ni siquiera yo soy capaz de superar. Así que un rato más tarde apago el portátil y voy a ello (¿?).

Pues eso, que el otro día estuvimos regrabando un par de guitarras que habían quedado insalvables en el último directo. Pagaba la Universidad de Salamanca, así que no era plan de desperdiciarlo. Un último vistazo a lo que supone estar grabando temas, tus temas, en un estudio. Música a raudales, momentos de emoción al escuchar cómo las canciones van tomando forma, momentos de cansancio cuando las horas de trabajo empiezan a pesar... pero ante todo un ambiente fenomenal, coñas tontas por todas partes y la sensación de estar haciendo algo importante.

La primera vez que entramos en un estudio de grabación fue una pesadilla. No porque no hubiera buen rollo, que lo había, sino porque estuvimos 5 meses haciendo una media de 8 horas de estudio al día. Intentamos ser perfeccionistas cuando éramos unos completos novatos (ni siquiera habíamos tocado en directo todavía) y lo pagamos. Tanto anímicamente como económicamente.

Y ahora que somos un poco más viejos y un poco (no demasiado) más experimentados... hemos decidido no ser tan perfeccionistas. Hemos ido con el tiempo prefijado (eso sí, lo hemos apurado al máximo) y dentro de eso lo hemos hecho lo mejor que hemos podido para grabar. Evidentemente, tras el subidón de adrenalina que tenga cuando escuche el disco por primera vez, empezaré a encontrar fallos y seguramente a partir del segundo mes no quiera volver a escucharlo en toda mi vida. Pero no me importa. Soy feliz así.

Ahora todo queda en manos de Edu Samurai, mezcla y masterizado. Algo meteremos mano, pero creo que poco, no será necesario. Queremos leña, y leña habrá.

¿Así que... hemos acabado? En absoluto. Ayer por la noche Montejo, con esa habilidad para hacer más de dos cosas útiles al día que posee, y que siempre he admirado desde lejos, creó el Daementia Design Center para que podamos opinar todos acerca del diseño del libreto y del CD.

Vamos, una fiesta.

Así que en el próximo capítulo, los-valerosos-Daementes-que-no-suspendían-Plástica (yo sí la suspendía) se vuelven diseñadores gráficos. Si es que valemos pa tó.

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2 comentarios:

Blogger El veloz murcielago ha dicho...

A todo esto nadie se acuerda que la bateria necesita ser edutada (TM XD) y hay que grabar unos rides para el inicio de memories y la gente ya quiere tenerlo masterizao...
Si ya digo yo que a la peña la bateria despues le sobra...

4 de septiembre de 2008 a las 13:45  
Blogger Montejo ha dicho...

Ostiaaaa los rides de memories...
Pues habla con Edu ya de ya
Gañanes que somos -_-'

4 de septiembre de 2008 a las 16:25  

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