Buenas a todos, seguimos donde lo dejamos (ver
parte I) y voy a intentar aclarar un poco (desde mi incompleto conocimiento) qué hace nuestro cerebro con eso que empieza siendo una vibración en los huesecillos del oído medio.
En mi opinión el tema central es si la percepción del sonido depende de la costumbre y “entrenamiento” del oido o si tanto musicólogos como profanos reciben la misma sensación.
Para empezar, un bonito experimento que leí en el libro Acoustics de Alexander Wood (disponible en la biblioteca Abraham Zacut para el que quiera). En vez de dividir la escala en 12 semitonos, se construyó una escala con 8 notas a una distancia de ¾ de tono. De esta forma las notas pares e impares estaban a una distancia entre si de una tercera menor. Con estas notas escribió un pequeño fragmento usando a la vez solo notas pares o impares, de forma que cuando sonaban dos notas a la vez nunca hubiera una disonancia. Todo el mundo que escuchó el fragmento le pareció horrible a pesar de que no había ni una sola disonancia.
Por otra parte, según la gráfica de la primera parte, la séptima está en un mínimo de consonancia, y sin embargo se usa por todas partes a pesar de ser disonante. ¿Quiere decir esto que lo que vimos de disonancia no sirve para nada? No del todo.
En mi opinión en el experimento de los ¾ de tono entran varios factores. Por una parte, aunque no suenen simultáneamente, el cerebro tiende a predecir qué notas sonarán relacionadas con la actual. Por una parte espera notas que suenen bien con la actual (podríamos decir que mantiene memoria de las notas que han sonado y las va superponiendo) y por otra parte está acostumbrado a intervalos de tono o semitono. Estas dos discordancias hacen que suene horrible.
¿Pero hay alguna forma de comprobar por separado qué es realmente lo que hace que “suene mal”? ¿Importa más la costumbre del oído o la disonancia física?
Vamos a poner un poco de peso de cada lado. Por una parte el 90% de las canciones (u obras clásicas) usan como final la sucesión V7 – I (típico ejemplo: Sol7 – Do). Igualmente, al menos el 90% de la gente a la que se pregunte contestará que el penúltimo acorde no les sonaba mal. Y eso a pesar de tener un intervalo de séptima y tener en su interior un tritono (otro día lo comentaremos, basta saber que son tres notas muy disonantes). ¿La costumbre del oído manda sobre la disonancia física? Ninguna de las dos, las disonancias (dentro de unos límites) son como el picante de la música. Todo consonancias sonará bien, correcto, pero desde luego que no nos atraerá, sería como una peli que todo el rato va bien. Necesitas problemas que resolver en el último minuto, y en la música es igual. Son necesarias disonancias que resuelvan para dar una sensación de final, de que todo se arregla tras la tensión.
Parece que hasta ahora la disonancia física no afecta para nada. No olvidemos que las canciones que escuchamos han sido compuestas para sonar bien, las disonancias están muy racionadas y siempre sin exceder un límite de disonancia exagerada. Si tienes un piano o teclado a mano toca cuatro o cinco notas blancas a la vez y (salvo excepción) verás que suena a rayos a pesar de ser todas notas de la misma escala. Podemos decir que hemos pasado de escalón, al componer estamos manteniendo la canción por encima del límite físico de disonancias. Salvo excepciones, o si no escucha "
In the presence of enemies pt.I" – Dream Theater (1:45 - 2:00), y que alguien me diga si tras escucharlo 100 veces no sigue sonando disonante.
Cualquiera podría decir que entonces, mientras no haya disonancias de caballo y si las que hay resuelven, que todas las canciones deberían sonar bien, pero el death, el jazz, la música clásica y el progressive le suenan a culo.
Todo tiene un límite y el oído se acostumbra. Si los cambios de acorde son tan rápidos que no te da tiempo a enterarte de cuando ha resuelto, si el doble bombo (o blastbeat según los entendidos) te aturde tanto que no oyes la melodía, o si los cambios de ritmo te hacen tropezar, probablemente no puedas opinar si la armonía era disonante o no, y ahí si que afecta mucho tener un oido acostumbrado.
Y conste que he puesto un
oido acostumbrado, que sería equivalente a decir que me gusta el jazz por ejemplo y por tanto entiendo y me gustan el 90% de las canciones de jazz. El siguiente paso sería que yo estuviera acostumbrado a una canción con cambios extraños, y una vez oída un par de veces ya me guste. Este cambio se debe a que el cerebro adelanta acontecimientos, y si sabes lo que va a venir, por extraño que sea el cambio ya lo tienes asimilado y puedes pasar a disfrutarlo (claro ejemplo: el progressive)
En fin, no se si he aclarado algo con esta digresión (desventajas de escribir sobre la marcha y no hacer un esquema previo) pero hasta aquí hemos llegado. Este segundo punto es tan abierto y subjetivo que probablemente nunca quede nada definitivo escrito al respecto, y probablemente sea lo mejor, ahora que los gustos musicales son tan fácilmente manejables.
Un saludo a todos y espero vuestras críticas
Etiquetas: Acústica